Lo que creyó vida real no era más que un espejismo, una ilusión. Las señales estaban ahí desde el principio, pero no las quiso ver, no quiso darles importancia. La indolencia, la apatía, el hastío, el agobio ante las responsabilidades… Las señales siempre habían estado ahí, pero ella creyó que no traspasarían la burbuja que había creado en torno a ellos. Se creyó protegida, creyó estar por encima del aburrimiento. Creyó que sólo afectarían a las cosas del exterior, las cosas que estaban fuera de su pequeño mundo, que sólo afectarían a los otros… Se equivocó.Él se aburría de las cosas; le aburría su propia vida. La apatía y la desidia eran su compañía. Suplía su falta de entusiasmo con brotes de entusiasmos impulsivos y pasajeros. Las cosas iban y venían, distintas, diferentes, cambiantes. Cambiaban los coches, cambiaban los amigos, cambiaban los ambientes, cambiaban las ideas…
Las señales siempre habían estado ahí, pero ella pensó que los cambios no la alcanzarían. No fue así. Un día la burbuja estalló y al mirar al exterior se dio cuenta de que toda su vida en común (la historia que creía común, compartida) había sido una ilusión de su propia mente, un espejismo. Un día también se cansó de ella. Otras luces más brillantes (¿candilejas?) atrajeron sus entusiasmos… impulsivos… pasajeros… efímeros… destruyendo las dos certezas que siempre había tenido: su amor por ella y su lealtad.
Autoengaño. Si utilizamos un término más académico, “sesgo hedonista”. En opinión del psiquiatra Luis Rojas Marcos, el autoengaño es la cualidad más humana de todas las cualidades humanas.
Siguiendo la propia argumentación de Rojas Marcos “el autoengaño es una peculiar estrategia de supervivencia de nuestra especie, verdaderamente única y de inigualable utilidad en tantos momentos de prueba y vulnerabilidad que nos depara la vida. Gracias al autoengaño superamos una realidad devastadora con una ilusión reconfortante, neutralizamos una verdad implacable con una falacia benevolente, justificamos una conducta intolerable con una excusa persuasiva… El autoengaño tiene como misión fundamental preservar nuestra integridad emocional y coherencia social. Se nutre de la fantasía y de la compasión hacia uno mismo, nos ayuda a conservar la autoestima, facilita la conciencia, estimula la creatividad y favorece la adaptación y la supervivencia. También nos sirve de salvavidas a la hora de mantener el sentido de invulnerabilidad ante condiciones internas o externas adversas que nos amenazan o nos traumatizan: la ansiedad ante la muerte, el miedo al fracaso, la desilusión con uno mismo, la subyugación por un agresor o la humillación pública. No hay duda de que ciertas verdades despiadadas o situaciones extremas atentan contra nuestra seguridad psicológica, nuestra imagen pública, nuestra esperanza y nuestro entusiasmo vital. El autoengaño nos permite evadirlas, disfrazarlas, reprimirlas o negarlas”
Mi autoengaño duró demasiados años… Siendo como soy una persona excesivamente autocrítica, he de reconocer que en este caso me dejé adormecer por mis propias falacias.
Hacía tiempo que no le daba vueltas a ciertos episodios de mi vida, pero estos últimos días he estado en contacto con amigos que me han metido de lleno en ciertas sombras del pasado. Seguramente era necesario este ejercicio de aclaraciones… para ellos y para mí.

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