
Hace unos días viajamos mis hijos y yo a Jaén para celebrar el tercer cumpleaños de mi sobrino. Fue un día bonito, divertido y caluroso, muy caluroso… Aunque el calor en mi tierra en verano siempre es igual, ¡qué diferente este viaje al que realicé hace tres años con motivo de su nacimiento!
Sólo tengo este sobrino. Nuestra familia es absolutamente pequeña. El niño tiene once parientes directos: sus cuatro abuelos (que por fortuna, con variados y múltiples achaques, viven los cuatro para disfrute de todos), sus padres, dos tíos (uno de la rama materna y yo por vía paterna) y tres primos que le llevan más de veinte años.
Cuando mi cuñada me dio la noticia de que parecía que estaba embarazada fue toda una sorpresa, que me produjo una enorme alegría. No esperábamos ya ese casi milagro. Llevaban mucho tiempo intentándolo, utilizando todos los medios que la ciencia hoy pone a nuestro alcance. Cuando se casaron no parecían tener interés en tener niños, así que me había resignado a no tener sobrinos (sólo tengo un hermano). Un día decidieron que sí, pero entonces la naturaleza decidió que no. Comenzaron un peregrinaje de clínicas, tratamientos, operaciones… que terminaba siempre en pequeñas o grandes frustraciones. Lo costoso de los tratamientos y los repetidos fracasos casi les hacen tirar la toalla; pero un día ocurrió. Me lo comunicaron con todo el miedo y toda la prevención del mundo… podía ser que esta vez las cosas fueran bien. Y entonces comenzó otro período de tiempo de ilusión y de temor. Esperar a que pasaran los primeros tres meses, hacer las pruebas correspondientes para comprobar que todo marchaba bien… Guardo todavía en mi correo electrónico este mensaje, este maravilloso y tierno mensaje, que recibí un tres de marzo y casi me hace llorar:
Hola Tita. Como sabes mis papas se empeñaron en hacerme una prueba para saber si yo estaba bien. La verdad es que pasé un poco de miedo, pero como me habían avisado me porté muy bien. Me escondí en el fondo del saco y estuve muy quieto todo el rato, porque le pusieron una inyección a mi mami y la aguja podía pincharme a mí. Mi mami me dijo que estuviera tranquilo y que no me preocupara. Así que me dije: ¡a esconderse! Hoy tengo ya 19 semanas y cuatro días y ya han llegado los resultados de la amniocentesis. Como yo sabía desde el principio, todo está PERFECTO; así que ahora a lo mejor mis papis se tranquilizan un poco, porque la verdad, sé que lo han pasado fatal. Bueno, Tita, en cuanto papi sepa un poco más de informática te mandará una foto mía de las ecografías. Mientras tanto, recibe un beso muy fuerte de tu sobrino y sus papas, y no olvides decírselo al Tito Paco, que si Dios quiere será mi padrino.
PD: Dice mi papá que ya os llamará por teléfono a todos. Besos.
El “tito Paco”, el futuro padrino, decidió una semana antes de su nacimiento que no quería seguir vinculado a esta rama familiar. Con la desesperación del que considera que la vida se le acaba y tiene aún muchas cosas que hacer y poco tiempo para ello, me comunicó sus ansias de volar e iniciar una nueva vida. Nada de lo que yo hiciera o dijera iba a cambiar la decisión. Así que el 26 de julio de 2006 mi hijo y yo iniciamos un horrible viaje hacia Jaén. Las temperaturas no bajaron en esos días de los 40º. Cuando llegamos al hospital el niño acababa de nacer. Fue un momento tan agridulce para todos nosotros que es difícil de explicar. Mi cuñada lloró al verme, una mezcla de alegría y tristeza. Mis padres no sabían cómo manejar la situación: tenían un nuevo nieto, tan esperado, y una hija absolutamente destrozada; no sabían qué hacer, qué decir, a quién atender… Yo… no era persona. Supongo que no hay momentos apropiados para comunicar el desamor… pero fue terriblemente inoportuno.
Han pasado tres años. He estado en los tres cumpleaños de mi sobrino. En este tiempo lo he visto crecer y he estado con él más veces de las que preveía cuando sus padres me dieron la noticia de su futuro nacimiento. Es un niño precioso, listo, muy hablador. Su padre, mi hermano, está como todos los padres primerizos (y mayores, casi padre-abuelo), absolutamente volcado en su hijo (o dicho de forma más castiza “se le cae la baba”). Todos estamos encantados con él… abuelos, tíos, primos. Y espero seguir haciendo ese viaje hacia Jaén los próximos 26 de julio.
En cuanto al padrino frustrado, las ansias de volar las llevó a cabo en un vuelo corto, breve y de escasa altura (su apatía vital no le permite mayores esfuerzos). No fue muy lejos a buscar la nueva vida que quería empezar: trabaja para él, es joven (él le lleva unos 20 años), y… seguramente le ha declarado amor eterno (chi lo sa?). Sólo decir que tenía razón en algo que dijo en aquel hoy lejano julio de 2006; fue algo así como que en esos momentos estábamos todos fastidiados, pero que con el tiempo íbamos a ser todos más felices. En aquel momento no me interesaba para nada esa felicidad futura que parecía querer regalarme. Pero ahora sí… soy más feliz, infinitamente más feliz. No sé si él también lo es… pero poco me importa.
Pues ni yo lo hubiera escrito mejor, quiero decir, expresado mejor, porque vaya putadita hizo el susodicho padrino, pero esas historias nunca acaban bien sabes?, ese egoismo y ahi te quedas bacalao no termina bien, porque no empieza bien, pero tambien hay que decirlo, al menos fue honrado y no te mintio, al menos pudiste vivir con esa verdad,
ResponderEliminary empezaste una nueva vida y vino al mundo tu sobrino, y mira, como tu ahora, eres la que estas feliz, si te hubieras quedado con el, ¿cuantas cosas bonitas no te habrías perdido?
Eres una señora, y con clase, y una dama sabe cuando hay que retirarse para despues ganar la gran batalla, te felicito, un abrazo, amelia